Vernon Subutex, volumen 1, de Virginie Despentes

Como sabes, excepto en extrañas oportunidades, sólo escribo en mi blog sobre libros (o películas) que me agradan. Hoy es entonces un día excepcional, dado que les hablaré de un libro que odiaba, un libro que se volvió intocable, encontrado un web útil, como un icono o una vaca india sagrada que puede llevar a cabo de todo……

Eric Naulleau dice a quien desee escuchar que la obra de Christine Angot forma parte del más grande engaño literario de los últimos veinte años. Le tomo la palabra, porque jamás he leído y jamás leeré a Christine Angot, pero, ¿ha leído Eric Naulleau, “Vernon Subutex”, el libro de Virginie Despentes? Porque tiene todas las características primordiales para lograr formar parte, con toda legitimidad, en la competición por el más grande engaño literario de la década. De hecho, todo en este libro es engaño, el título completamente brillante, la portada del libro igual de brillante, así como el resumen que haría salivar a un individuo con el síndrome de Gougerot-Sjögren. No obstante, el libro de Virginie Despentes debería haberse llamado “la sociología del mostrador para los maniquíes” o “Sí, sí, mira el planeta para los maniquíes”, porque el libro de Virginie Despentes no cuenta verdaderamente la narración de una vieja tienda de discos sin dinero porque el propósito del creador en este libro es marcar un mapa de la Francia de hoy a través de retratos tan heterogéneos como caricaturescos. Pensé que se encontraba leyendo a la hembra Charles Bukowski y me encontré con la hembra Michel Houellebecq. La prosa de Michel Houellebecq no vuela ya muy prominente, pero entonces la prosa de Virginie Despentes toca el suelo, lo excava, con una pala, hasta llegar al corazón del núcleo de la Tierra. Esta es una hazaña que aún no fué lograda por ningún conjunto científico. Felicitaciones! De hecho, el libro está lleno de tópicos, expresiones recurrentes, expresiones prefabricadas y especificaciones caricaturizadas de toda clase. Virginie Despentes habla de Internet, de Putin, de los racistas, etc., pero es hueco, tan superficial como la mayoría de los comentarios estúpidos que se tienen la posibilidad de hallar en Internet, en artículos de Le Monde, Figaro o Libération, pero con menos humor, ese humor crujiente que es (a veces) característico de estos comentarios en línea. Pensé (por un momento) que era un libro paródico, un libro escrito en segundo nivel, un segundo nivel que no habría conocido ver, pero no, es el libro la broma precisa. La novela algunas veces tiene algunos buenos hallazgos estilísticos, hay inclusive algunos buenos párrafos, pero tengo la sensación de que no son intencionales, un poco como un reloj roto e irreparable que, lógicamente, sigue dando la hora precisa dos ocasiones al día. Además, debo admitir que la construcción del libro también es original, pero el resultado es garrafal, tan garrafal como una mala película de género o como un director fracasado, “made in Romania”, de una película de Steven Seagal. No citaré largos pasajes del libro, sino sólo ámbas oraciones que siguen.

La tristeza que esparce su pecho es más molesto que toda la furia que ha juntado.

No es el coño lo que hace a la chica.

Arte crudo y una cita sin sentido. Es dependiente de ti acertar quién es quién. Fundamentalmente porque no estoy seguro de saberlo yo mismo. Un tiempo de profundidades, de mentes, de poemas, de filosofías, en escasas expresiones, que provoca que todo vuelva a mí. Es hermoso, como una copia fallida de un Picasso realizado por un niño de seis años, tengo una lágrima en el ojo. Olfatea, olfatea, olfatea, olfatea. No obstante, no se equivoque, uno de mis escritores preferidos es Charles Bukowski. Además, no es la grosería lo que me llama la atención, ni bastante menos, pero aquí y prácticamente durante toda la novela, encontré el estilo forzado, falsamente impresionante, falsamente justo, falsamente importante, falsamente rebelde. Me se ve que todo suena mal…. No tiene hondura, de ironía, de un montón de pequeños elementos que hacen que todo el libro sea mediocre. Todas las cuestiones sociales se abordan de una forma tan común que son espantosas y angustiantes. Uno pensaría, para todos ellos, que fueron pensados desde una mala cita del deber de un joven, un estudiante muy malo, y que, para intentar conseguir una aceptable nota, reitera, como un estúpido loro, lo que cree haber escuchado de mayores a quienes considera capaces. Además, la serie de individuos de la novela la hace fría y sin calor. Es realmente difícil para mí sentir empatía por alguien sobre este libro, y bastante menos emoción. Sólo era un hombre de mármol. Y esto, más que nada porque varios individuos están caricaturizados hasta el punto de sobredosis.

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